El racismo asalta Ceuta: agresiones a menores, gas pimienta y ataques contra vecinos

Noticia e imagen extraídas de El Salto

El ataque contra un niño marroquí y una adolescente ceutí, la violencia contra hombres racializados, o el reparto de sprays de gas pimienta a mujeres ceutíes para “defenderse de los invasores”, subrayan una deriva racista en la ciudad autónoma.

El martes 8 de septiembre una nueva noticia de violencia llegaba a los titulares sobre Ceuta. Esta vez, el protagonista era un niño, Ali, de ocho años, disparado con perdigones mientras dormía en una tienda de campaña en un asentamiento en la barriada del Príncipe. Tras haber cruzado la frontera a nado, el pequeño pernoctaba con sus padres y su hermano de tres años cuando unos encapuchados que iban en moto dispararon perdigones contra las lonas. 

Uno de esos perdigones hirió al pequeño muy cerca del ojo, abriéndole una brecha. Cuando su madre salió de la tienda a rogar a los encapuchados que cesaran su ataque, la amenazaron de muerte, según relataba ante los medios. Aún no se ha esclarecido la autoría, y la familia no ha denunciado, temen que los servicios sociales les separen de sus hijos. 

El ataque contra Ali no es el primero de estas características. El pasado 30 de agosto dos hombres marroquíes eran disparados también con perdigones en la misma barriada, ambos tuvieron que ser atendidos en el Hospital Universitario de Ceuta debido a las heridas sufridas. Mientras, algunos medios recogen cómo el 1 de septiembre, un ciudadano marroquí denunció otro ataque cerca de la zona. Un día después sería un vecino ceutí  quien denunciara haber sido disparado en Lomas de Colmenar.  Como en el caso de Ali, los atacantes iban en moto y llevaban pistolas de aire comprimido.

 “¿Cómo le pueden hacer esto a una niña?”

La agresión física contra Ali, no es la única cometida contra menores que ha saltado esta semana a los medios, mostrando cómo el odio desatado contra las personas migrantes que aún continúan en la ciudad autónoma no se detiene ante la infancia. Según recogía ElDiario.es el pasado lunes, la familia de una niña ceutí denunciaba cómo la pequeña, de 13 años, había sido atacada verbalmente en una protesta que reclamaba seguridad ante el inicio de las clases . La niña, que se había unido junto a su prima a la convocatoria, celebrada el domingo, debido a su preocupación ante la vuelta al instituto, fue increpada al grito de “¡invasora! ¡tú de dónde has salido!”, por varios manifestantes, que le exigieron que mostrara su DNI.

“Para mí esta gente que estaba en esa manifestación no son de Ceuta. Aseguraría casi al 100% que no eran de aquí”, explica Fatima, tía de la víctima, a El Salto, en conversación telefónica. Fatima asegura que hizo fotos a los agresores que a su vez estaban fotografiando a la menor. Fotos que ha mostrado a vecinos y vecinas: nadie conoce a los agresores. “Nosotros somos de aquí de muchísimas generaciones, somos bastante conocidos, a esta gente nadie le conocía. Nunca hemos tenido un trato así aquí en Ceuta. Jamás hemos vivido algo así”, lamentaba la ceutí. 

Tras la agresión, la niña tiene miedo a salir sola de casa, “al instituto la tenemos que llevar y traer nosotros y eso que lo tenemos al lado. Tiene miedo de la inseguridad que se vive ahora mismo en la ciudad y también tiene miedo de, ‘a ver si me van a confundir’, porque ya ha pasado una vez”, explica Fátima. La familia en este caso sí ha denunciado y está pendiente de cómo avanza la investigación. 

Para la tía de la niña agredida, es incomprensible que la violencia alcance a la infancia: “Es que ya sea española, sea de donde sea, ¿a dónde vas a increpar a una menor?” Asegura que como el resto de los ceutíes, ella comparte el descontento por “la situación extrema” que se alarga durante más de un mes, “pero llegar a este punto de agredir verbalmente a una menor, sea de donde sea, no me parece lo más normal”.

“¿Qué pasa? ¿Que por ser de color moreno ya no podemos salir a la calle? Esto no lo podemos permitir”

La familia está recibiendo mucho apoyo por parte de ceutíes de todas las confesiones e incluso ya en la manifestación, según cuenta Fátima, muchos de las participantes, al ver lo que sucedía apoyaron a la niña. Sin embargo, la brecha está ahí: “una manifestante recuerdo que me ha dicho, ‘echamos de menos a la comunidad musulmana’, y digo, ‘pues mira, precisamente por estas cosas la comunidad musulmana no  puede ir a estas manifestaciones, si vamos a estar constantemente a gritos de musulmán el que no bote, fuera moros, o lo que sea, esto va a provocar que no vayamos’”. 

A Fátima le indigna que su sobrina tenga miedo a salir a la calle por el color de su piel. “¿Qué pasa? ¿Que por ser de color moreno ya no podemos salir a la calle? Esto no lo podemos permitir”.  Considera que si alguien tiene que desaparecer de la calle son las personas llenas de odio, como quienes atacaron a la niña, y espera que la agresión no quede impune. 

Gas pimienta para “defender” a las mujeres

Mientras el despliegue de racismo alcanza a personas racializadas de todas las edades y géneros, la extrema derecha ha hecho de la “defensa” de las mujeres frente a la violencia sexual en la ciudad autónoma, una de sus banderas. La apuesta ha trascendido lo discursivo. La semana pasada, según mostraban varias cuentas de redes sociales de extrema derecha, el activista ultra Juan Ruiz, junto a Revuelta —las ex juventudes de Vox— repartían sprays de gas pimienta en la ciudad autónoma a las mujeres para “defenderse de los invasores”.

La acción estaba enmarcada en la campaña de recaudación de fondos en GoFundMe “Ayudemos a las mujeres de Ceuta a sentirse más seguras”, iniciativa que ha sido denunciada por el colectivo Afroféminas ante la Fiscalía General del Estado, señalando que se incurre en tres delitos que tienen que ver con el reparto ilícito de armas, la incitación al odio, y la captación ilegal de fondos. “No vamos a permitir que se vulneren las leyes de seguridad ni que se utilice el racismo en nombre de los derechos de las mujeres. Exigimos la incautación del material y el bloqueo inmediato de los fondos”, afirmaba la presidenta de la organización, Antoinette Torres Soler, en una nota de prensa difundida por el colectivo.

“La extrema derecha nunca se ha preocupado por nuestra seguridad, ni está preocupada ni está defendiendo a las mujeres; lo que hace es utilizarnos como objeto discursivo para construir un enemigo racial”, denuncia Zinthia Álvarez,  integrante de Afroféminas, en conversación con El Salto. La activista explica cómo las mujeres son convertidas en un “territorio simbólico que hay que ‘proteger’ frente al hombre racializado, al moro, al africano, al negro”, este discurso convive con el ataque a las feministas cuando son ellas las que denuncian la violencia consecuencia del patriarcado.

Para Álvarez una muestra clara de que no es las seguridad de las mujeres lo que preocupa a quienes instrumentalizan el miedo a la violencia sexual, es la indiferencia que muestran hacia la posibilidad de que las menores migrantes no acompañadas sean devueltas a Marruecos, donde muchas se encontrarán en una situación de vulnerabilidad, “al contrario, sostienen que deben ser devueltas a su país. Esa diferencia de trato evidencia que el criterio no es la protección de las mujeres en sí misma, sino quiénes son consideradas merecedoras de esa protección en un momento concreto y frente a un enemigo concreto”.

“La violencia sexual existe y debe perseguirse siempre, independientemente del origen del agresor. Pero utilizarla selectivamente para construir una categoría racial de hombres peligrosos es racista”

La activista conecta esta caracterización del hombre africano como potencial agresor sexual, con toda una herencia colonial, y denuncia que, a diferencia de lo que sucede cuando quien comete un acto de violencia sexual es blanco, cualquier agresión cometida por un hombre racializado situa a millones de hombres bajo sospecha: “La violencia sexual existe y debe perseguirse siempre, independientemente del origen del agresor. Pero utilizarla selectivamente para construir una categoría racial de hombres peligrosos es racista”. 

Álvarez denuncia un marco en el que medios de comunicación y políticos han repetido a todas horas la idea de que se sufre una “invasión” a manos de persona que constituyen una “amenaza”, ante la que la población estaría desprotegida, un discurso que construye “el escenario emocional necesario para que determinadas respuestas violentas parezcan razonables”, algo que ha llevado a ataques tanto contra personas migrantes, como contra ceutíes racializados.

“No se trata únicamente del reparto de gas pimienta por parte del agitador y racista Juan Ruiz junto a miembros de la organización la Revuelta. Se trata de qué ocurre cuando se normaliza la idea de que determinados cuerpos son una amenaza y, simultáneamente, se legitima que la ciudadanía se arme simbólica o materialmente para defenderse de ellos y se acepte o valide el uso de la violencia”, apunta la activista.

“Invasores” con DNI

Como le pasó a la sobrina de Fátima en la manifestación, los casos de vecinos ceutíes que han sufrido agresiones por su racialización son numerosos, mientras alarma el hecho de que sucedan sin mucho reparo ante la cámara, como ocurrió el pasado 17 de agosto a un periodista del Pueblo de Ceuta, atacado mientras hacía su trabajo.

El pasado lunes, otro ceutí denunciaba haber sido agredido por dos personas que de nuevo “le confundieron con un ciudadano marroquí”. El ataque sucedió en pleno centro de la ciudad, donde el hombre fue atacado e increpado por dos vecinos que se acercaron intencionadamente para insultarle, golpeándole uno de ellos en la cara, según relató el denunciante ante los medios. El agredido terminó mostrando su DNI para confirmar que era español, ante lo que los atacantes huyeron del lugar.

Las tensiones raciales que se están avivando en la ciudad autónoma se inscriben en un marco que tilda a quienes llegaron a Ceuta los últimos días de julio como “invasores”. Según denunciaba el diputado Mohamed Mustafa en una entrevista reciente con El Salto, presentar a estas personas como invasores, está permitiendo que se les pueda atacar, mientras que el discurso del miedo, habilita que cualquier ilegalidad pueda ser permitida. Para el periodista Youssef M. Ouled, presentar a las personas migrantes “como ‘invasores’, ‘violadores en masa’ y ‘armas’ en una supuesta ‘guerra híbrida’”, permite que dejen de ser vistos como personas “con derechos y dignidad”, y pasen a ser algo “contra lo que se puede ejercer todo tipo de violencia social e institucional”.